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BARTOLO, LA GAVIOTA DEL VICTORIA

Escrito por Enrique Caballero Espinosa. Publicado en Blog A-Z Futbol.

Bartolo la pavana. AZ FÚTBOL 6d477foto: Kike Caba
 

Bartolo se acerca despeinado, con su porte desgarbado, sus plumas una para acá y otra para allá, arrastrando sus alas por el caluroso suelo  y su figura desordenada... despacio, como desconfiando, hasta que ve que de nuestra mano sale un trozo de nuestro bocadillo en dirección hacia donde él  está; y entonces corre, con una carrera torpe pero regular, casi llegamos a pensar que de un momento a otro se caerá tropezando sola con sus patas y rodará sin sentido hasta donde estamos... Pero ella se acerca sin pausa, sin dejar de mirarnos, como evaluando, desconfiando de esas personas que sin conocerlo de nada le ofrecen un poquito de comida sin pedirle nada a cambio. Bartolo nos cae simpático desde que vemos su figura aparecer a lo lejos extraña, rara y expectante.

Y es que Bartolo vive gracias al fútbol. No es una gaviota cualquiera, es una gaviota que tal vez nació para ser mimada por su amigo, cuidador del Victoria Stadium y para acompañarlo en sus ratos de trabajo donde quiera que él va en su turno en el bonito y coqueto campo gibraltareño.

En los ratos de fútbol, Bartolo descansa en un pequeño cuarto, entre las cosas del fútbol, él no sabe de fútbol, o tal vez si... quizás nos sorprendería si pudiera hablarnos y contarnos sus secretos de los días de entrenamiento de los muchos equipos que por allí pasan.

Las demás gaviotas le pegan, le atacan, la despluman en sus momentos de soledad, sabiendo que a pesar de su endeblez, de su figura doblada, de ese no poder volar porque sus alas no están bien, no le sirven para levantar ese vuelo elegante, vive... sabedoras que Bartolo aún naciendo mal, vive bien.

Por eso Bartolo vive del fútbol. No como los futbolistas famosos ni los entrenadores de renombre, no como los Presidentes ni los hinchas que abarrotan los estadios, sino como Bartolo, como la gaviota, como la pavana que corre más que vuela y que vive cuidada por el buen corazón de su amigo humano.

Y es que no todo debe ser perfecto...hay cosas que en su imperfección nos llegan al corazón, que  en su aparente inferioridad, nos dan una lección de cariño y de saber hacerse amigo de su amigo, de ese que le da cariño y lo cuida en las mañanas de viento, en las mañanas de frío, de ese que se da por satisfecho con verlo llegar hambriento con su sonrisa de gaviota cada mañana.

Kike Caba

18-VII-2014